Vivía la niña triste
de cabellos arados
por trensas de fuego,
de manos inquietas
y mirada inconciente.
Buscaba caminos
con piernas de hierro
buscaba cobijo
con su cuello erguido.
¿Quién espera a la niña
con tanto entusiasmo?
¿Quién hace que su carga
se torne liviana?
Ha de haber alguien
que su mirada sostenga,
ha de haber esperanza
en sus cálidos párpados.
Un día la niña
descidió no buscar,
un día la niña
comenzó a jugar;
trazaba surcos en los ríos,
encumbraba nubes con sus sueños,
vestía margaritas en las mañanas,
narcisos por la tarde
y jazmines al ocaso.
Por fin de pronto dijo la gran voz,
por fin de pronto retumbó el suelo,
tronó el cielo con sus dioses,
lloró el mar y la tierra floreció.
Dijo la voz que todo terminaba,
dijo la voz que ya no buscaría
dijo que era el dia de vendimia.
Dijo la voz también que la admiraba.




1 comentario:
Terrible Mistral.
No está mal. (el wn con cosas que decir)
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